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Sobre
la parroquial de Taroda
Las creencias religiosas han
tenido una importancia fundamental en la vida de los pueblos y se han
manifestado a través de múltiples formas siendo importantes, entre
otras, la creación de cofradías y la construcción de iglesias, ermitas,
capillas o retablos. En realidad, son pocas las iglesias que se
construyeron íntegras de nueva planta; era más habitual reformar o
añadir según marcaban las circunstancias y necesidades técnicas,
económicas o demográficas.
En este trabajo me voy a referir a
las transformaciones y ampliación de la iglesia de Taroda y a la
transcendencia que la devoción al Santísimo Cristo del Amparo tuvo tanto
en la creación de una cofradía con su nombre como en financiación de
obras y objetos litúrgicos.
La parroquia de Taroda ha
pertenecido tradicionalmente a la diócesis de Sigüenza hasta la
adjudicación reciente de todas las parroquias de la provincia a la
diócesis de Osma-Soria.
La vinculación de Taroda, como
tantos otros pueblos, al obispado de Sigüenza hay que enmarcarla en los
aconteceres medievales. Durante los siglos X y XI las tierras del
sureste provincial fueron escenario de las luchas entre cristianos y
musulmanes, quienes tenían en Medinaceli la capital de la Frontera
Media. Al mismo tiempo los reyes cristianos intentaban recuperar el
territorio y asentar su autoridad; los intereses enfrentados de los
Reyes de Castilla y de Aragón convirtieron a nuestro territorio
durante la Baja Edad Media en la Raya o tierra fronteriza entre los
reinos castellanos, aragoneses y navarros y las mismas disputas se
produjeron entre las recién refundadas diócesis de Osma, Sigüenza y
Tarazona. Muchas tierras del término de Taroda fueron adjudicadas al
recién fundado monasterio de Santa María de Huerta y su parroquia quedó
adscrita al obispado de Sigüenza.
En estos momentos de inestabilidad
política y repoblación de territorios se construyeron en la mayoría de
los pueblos torres, castillos o atalayas defensivas y, al mismo tiempo,
pequeñas iglesias rurales, las cuales sirvieron, en muchos casos, para
reunión de los vecinos en concejo. En este contexto deben situarse las
escasísimas huellas de una fortificación a las que en Taroda se les
conoce por el topónimo “El Castillo” y la construcción de una primera
iglesia en estilo románico.
Las formas y el estilo de la
actual iglesia de Taroda nada tienen que ver con la humildad de las
iglesias rurales medievales. Es un edificio de grandes proporciones,
planta de cruz latina, con testeros planos, muros de mampostería o
calicanto y sillares de piedra caliza en las esquinas y alero; de líneas
rectas y sobrias en su exterior, sorprende la presencia de tres
chapiteles-linterna en la cubierta del crucero, lo que le proporciona
cierto dinamismo y perfil inconfundible. Sin embargo, quedan algunos
restos románicos que nos permiten reconstruir este pasado medieval.
A este estilo pertenecen la pila bautismal, un lienzo de la pared
meridional de la iglesia, y los contrafuertes y cimientos de una torre
que se derrumbó a finales del s. XIX.
Es frecuente en otros templos que
la cabecera sea la parte más antigua y que a partir de ella se vayan
incorporando capillas, alargando naves, etc. En nuestro caso, la
parte de los pies, en concreto el ángulo sudoccidental es la parte
originaria de una iglesia que tendría una sola nave, poco elevada, con
la cabecera orientada a levante y el lado del poniente ocupado por una
pared muy gruesa, con pocos vanos, que a la vez sirve de torre
campanario; es un tipo de fachada muy sólida, con cierto aspecto de
fortaleza y rematada por un cuerpo de campanas, que es muy frecuente en
muchas iglesias románicas sorianas.
Confirman esta hipótesis la hilera
de ménsulas y canecillos muy desgastados y mal conservados pero
típicamente románicos, que recorre a media altura el muro Sur de la
iglesia, y que formarían parte del alero del tejado. En el centro del
muro hay dos estribos entre los cuales se construyó más tarde, en el s.
XVIII, la puerta de entrada al templo, precedida de un pórtico que, en
parte, oculta y esconde los estribos y canecillos románicos.
Este lienzo del muro está en
contacto con uno de los gruesos contrafuertes que, a cada lado de la
pared del poniente, sustentarían la torre. La altura de los
contrafuertes coincide con la línea de los canecillos de modo que la
espadaña o el cuerpo de campanas sobresaldría por encima del tejado. La
torre se mantuvo muy sólida hasta bien entrado el siglo XIX cuando la
solidez se resquebrajó debido, sin duda, a las importantes obras que,
como veremos más adelante, se efectuaron anteriormente en el cuerpo de
la iglesia . Por los libros de cuentas de la parroquial de Taroda que se
conservan en el Archivo Diocesano de Osma podemos reconstruir el cuerpo
superior de la torre; tendría una campana grande y otra mediana y, sobre
ellas, una espadaña para el campanillo (1) “En 1763 se pagaron 143
reales del yugo de la campana mayor, componer la campana mediana y el
campanillo, y en 1768 el coste de la espadaña para el campanilla fue de
96 reales, en 1793 se gastaron 1257reales en fundir la campana
mayor con nueve arrobas de metal”. En 1880 se recogen las cuentas y
el costo de hacer la pared por el hundimiento de la torre; ya antes en
1877 se bajaron las campanas de la torre por amenazar ruina y se
colocaron en un enmaredado (2). La torre no se ha vuelto a construir,
las campanas se han colocado bajo los canecillos románicos a la
izquierda de la puerta de entrada y sólo un campanillo en una escueta
espadaña nos recuerda el lugar donde estuvo la torre, además de los
gruesos cimientos y los dos potentes contrafuertes esquinados que
enmarcaban, y enmarcan, la pared del poniente y que siguen en pie.
No tenemos documentos ni restos
que atestigüen cuándo fue demolido el edificio románico, ni si hubo
capillas u otras construcciones góticas, pero cabe suponer que, como en
otras muchas iglesias, durante los siglos XV y XVI se produjeran
numerosas transformaciones en el edificio de la iglesia.
Siguiendo un orden cronológico,
otro resto arquitectónico importante que nos queda es una
portada-fachada plateresca que, situada también en la cara del
poniente, no se encuentra adosada a la pared de la iglesia, sino
separada de la misma por tres o cuatro metros. La portada, con el vano
de la puerta cegado, sirve de fondo y pared al antiguo camposanto,
adosado al lado norte de la iglesia y el acceso al mismo se hace por
otra puerta.
La presencia de esta portada
siempre ha sido un enigma. Puerta, ¿para entrar a dónde?, no
entendíamos que la puerta tuviera un nivel de acceso mucho más bajo que
el cementerio posterior, y, sobre todo, cómo era posible
construir una puerta monumental para un fin tan humilde. A los lados de
la portada, un muro cortado irregularmente hacía presagiar que aquello
era resto de otra construcción desaparecida. Su estilo arquitectónico
responde al modelo de portada del siglo XVI, de formas renacentistas con
reminiscencias italianas. La puerta tiene forma de arco de medio punto,
con salmeres horizontales, cuatro grandes dovelas trapezoidales y clave
central. Enmarcando el arco, y a modo de alfiz, se encuentra una
estructura de formas geométricas, con un hornacina en el centro.
En conjunto, la organización de la portada es muy
sobria y armónica. Esta portada podría considerarse dentro del ámbito de
la escuela renacentista toledana. El foco artístico del
Renacimiento toledano se desarrolla en tierras tuteladas por los
Mendoza, en la región de Guadalajara y en diócesis como la de Sigüenza,
relacionada con la mitra toledana y a la que pertenecía la parroquia de
Taroda (3).
En el Archivo Diocesano del Burgo de Osma, hemos
encontrado un documento que, al fin, da respuesta a nuestra pregunta:
Puerta ¿para qué? (4).
El libro inventario de cuentas
entre 1750 y 1878, recoge el informe del Visitador del Obispo de
Sigüenza el 24 de Enero de 1758, en el que se puede leer, como
ampliación a la nota del margen “Que se haga una puerta principal”, lo
siguiente: “Y habiendo experimentado en el tiempo de esta
visita la suma frialdad que ... (había) en esta Iglesia por hallarse con
su puerta principal abierta al Norte de tal suerte que por esta razón y
en días fríos con dificultad se puede celebrar el Sacrificio de la Misa,
a no ser ayudándose con algún poco de fuego que es preciso llevar al
Altar, y por este medio hallarse expuesto a incurrir en irreverencia
grave al Augusto Sacramento, además de lo que en los fieles
oyentes tiene de incomodidad ... y que en la Iglesia asistirán a no ser
por esta circunstancia de tan grave frialdad, por tanto y para
remediarla manda ... y da comisión al Cura para que proceda a abrir otra
nueva Puerta en esta Iglesia por la parte que mira al medio día y entre
los dos estribos que se hallan... lo que así ejecute Gregorio la
Sierra Maestro que al fin de delinear y trazar la portada su merced
ha llamado y convocado, y conforme al diseño hecho o como mejor al
tiempo de su ejecución le parezca ... no siendo tan nuevo este Mandato
que como su merced también ha reconocido debe de tener origen desde la
Visita que celebró en esta Parroquial el Maestro Laina Paramillo
por los años de 1580"
Esta minuciosa descripción nos
permite entender el sentido de la portada. La puerta daría paso a un
atrio o patio descubierto, a través del cual se accedería a la puerta
principal de la iglesia, en el lado Norte del edificio. A este patio o
atrio también se hacía referencia en las cuentas del libro de la
parroquia de 1673 en las que el cura párroco, Francisco Ruiz García,
anota “350 reales de gastos de hacer la puerta del atrio y del
cargadero, y de hacer la puerta de la iglesia, sentar cerradura y hacer
los bancos”.
El visitador del Obispo de
Sigüenza manda hacer una puerta principal nueva en el lado Sur, más
soleada, para evitar la gran frialdad de la iglesia. El trabajo se
encarga a Gregorio Sierra, hombre de confianza que ha realizado otras
obras en el Obispado de Sigüenza y que cumplió rápidamente el mandato,
pues en las cuentas del año siguiente, 1759, ya se reflejan los gastos
del pórtico en materiales, jornales y puerta nueva.
Al abrirse una nueva puerta quedó
inhabilitada la puerta norte y, por tanto, también se inutilizó la
puerta de entrada al atrio; este espacio pasó a ser el nuevo camposanto
de la parroquia, teniendo en cuenta que, como veremos más adelante,
sobre el antiguo camposanto, situado a saliente, se acababa de construir
una nueva capilla mayor.
De la puerta norte no quedan hoy
vestigios porque a lo largo del siglo XVIII se hicieron otras obras en
la iglesia parroquial y, en 1822, se construyó en ese lado un granero,
por lo que la portada renacentista quedó sin nexo ni relación con el
edificio de la iglesia.
Muchas iglesias de la diócesis de
Sigüenza presentan una cabecera del siglo XVI y posteriormente van
alargando y ampliando la iglesia por el cuerpo principal y por los pies;
pero otras veces ocurre lo contrario, que a una iglesia del XVI se le
añade una cabecera en el XVIII. La iglesia de Taroda pertenece a este
segundo grupo, realizándose importantes obras de ampliación de la
iglesia por la cabecera , más fácil de derribar que la sólida pared de
los pies.
Es probable que durante el s. XVII
se hiciera una capilla en honor al Sto. Cristo del Amparo en el lado
sur, junto a la cabecera, pero es en el s. XVIII cuando la iglesia de
Taroda adquiere la forma y dimensiones actuales. Todo el edificio
presenta una uniformidad de estilo, dentro de un Barroco moderado o
clasicista, lo cual es resultado de las sucesivas obras que se
realizaron en un periodo de tiempo relativamente corto, de apenas
cincuenta años.
José Antonio Marco Martínez nos ha
proporcionado varios documentos del Archivo Diocesano de Sigüenza en los
que se relacionan cinco actuaciones arquitectónicas distintas durante el
siglo XVIII.
En la primera actuación de
septiembre de 1748 se solicita al cabildo de Sigüenza licencia para
hacer una capilla mayor “de la que se haya con grave necesidad,
para su mayor adorno y decencia”. En las condiciones se establece
añadir “planta cuadra de 24 pies fuera de la iglesia e incorporada a
la misma capilla mayor que hoy tiene”; habría que demoler la pared
de la cabecera para añadir una capilla mayor cuadrada de 24 pies de
lado, y el maestro Ildefonso Martínez propone cubrirla con bóveda
de arista en material de ladrillo o toba, por un importe de 10.000
reales. Sin embargo, Juan Manuel de Cuadra, maestro revisor del
proyecto, propone que se cubra interiormente con una media naranja sobre
pechinas y arcos torales para mayor lucimiento y seguridad, aunque con
un mayor coste; al exterior estará cubierta con una estructura de madera
sobre la que se coloca el tejado. Tras dos años de discusiones Ildefonso
Martínez será el maestro que realice los trabajos siguiendo el proyecto
y traza de M. Cuadra y añadiendo además una media capilla para reforzar
la seguridad de la media naranja “Media capilla o presbiterio, de
salida por la parte exterior de 15 pies”; esta capilla además de
tener un efecto estético “le ha dado el ser a la obra”
prolongando el espacio interior de la iglesia. La luz entraría por una
ventana hecha en la pared del mediodía. Y todo valorado en 10.500 reales
(5). Para esta obra se abonan 5.000 reales al maestro de los fondos de
la iglesia en 1750.
Como hemos dicho, en estos años se
produce la apertura de la puerta principal de la iglesia en el
muro sur y se cierra la puerta norte, pasando el atrio a desempeñar la
función de camposanto que antes estaba situado en el lugar en el que se
ha hecho la capilla mayor.
En la supervisión de las obras se
apunta que lo que le falta a la obra es blanquear la capilla,
embaldosarla, hacer el altar principal y “colocar el retablo en su
puesto”, pero, en lugar de poner el retablo antiguo, se manda hacer
un retablo nuevo
En 1752 se pagan a Ignacio
Ibáñez 6.800 reales de “hechuras” del retablo mayor y en 1765
a Juan de Lanzuela otros 12.000 reales por el dorado del retablo
(6). En la financiación de este retablo mayor, que es el que se
encuentra actualmente en la cabecera de la iglesia de Taroda, se cuenta
con una aportación de 4.500 reales que presta a la iglesia la cofradía
del Santísimo Cristo del Amparo (7).
Los caudales de la cofradía del
Santísimo Cristo del Amparo debían ser abundantes porque, una vez hecha
la capilla mayor y el retablo correspondiente, se acometió la segunda
obra importante en el templo: Reconstrucción de la capilla del
Santísimo Cristo del Amparo.
La devoción al Santo Cristo del
Amparo, a quien se atribuye poderes milagrosos, es tan grande que las
limosnas se anotan en un libro específico de Caudales del Santo Cristo,
y en 1727 se fundó una nueva cofradía de los Esclavos del Santo Cristo
del Amparo por “la fervorosa y ardiente devoción a la milagrosa
imagen del Sto. Xristo”(8).
Por los documentos del Archivo de
Sigüenza conocemos que había una antigua capilla que estaba cubierta con
tejado de hoja de lata y cuyo retablo estaba en mal estado. No sabemos
cuando se realizó esta capilla situada en el muro sur de la iglesia
junto a la primitiva cabecera, ni cuando comenzó el culto al Sto Cristo,
pero cabe pensar que se correspondan con la religiosidad del Barroco del
s. XVII.
En un documento de 15 de marzo de
1771 el mayordomo de la cofradía dice que “en dicha capilla del
Santísimo Cristo del Amparo se ha reconocido que el chapitel que tiene
guarnecido con latas muchas ojas de ella se han levantado con cuio
motivo y la continuación de las aguas se ha reconocido que las maderas
están podridas de tal modo que se hace forzoso desazerlo todo y llegado
este caso para que tenga maior permanencia y hermosura será más util y
de más seguridad levantar las paredes un poco haciendo en medio una
linterna y al remate de esta un chapitel pequeñito y hecho su texado
estará más airoso.... y por dentro de la capilla unos recuadros con sus
golpes de talla de moda, todo de yeso, para que con uno y otro se logre
toda hermosura con lo cual y siendo los caudales que tiene la expresada
capilla bastantes se logrará que los fieles continúen en las
limosnas....”. La traza y condiciones son de Juan Antonio Díez,
revisadas por Francisco Javier Delgado quien propone algunas
modificaciones porque “se ha reconocido que la obra era de muy poco
lucimiento dejando la media naranja que hoy tiene pues su livante
(altura) tan poco que la capilla mayor le quita toda la vista y además
era una gotera continuada.... se ha tenido por conveniente derribar la
media naranja y hacer otra mucho más airosa, levantar las paredes ocho o
nueve pies.... los vecinos han ofrecido la conducción de todos los
materiales....”. Por el interior “en las pechinas se pintarán los
evangelistas, la linterna ha de ser ochavada con cuatro ventanas con sus
redes y vidrieras, su fábrica de ladrillo y su remate con cruz y bola de
azofar”. La obra se contrata con los hermanos de Medinaceli Juan
José López y Manuel Martínez con un coste de 3.500 reales de
manos y 1.174 de materiales (9). Es importante hacer notar que las
paredes de la capilla se levantan nueve o diez pies, lo que ocasionará
futuras consecuencias.
Para esta capilla recién reformada
se encarga un nuevo retablo, que fue realizado en 1777 por
Francisco Torres, vecino de Calatayud por 6.000 reales.
La afluencia de devotos debía ser
importante y también la de limosnas y caudales, pues inmediatamente se
decide emprender la tercera obra importante en el templo:
Construcción de dos capillas en los laterales de la capilla mayor,
haciendo de crucero. La iglesia adquiere así el diseño de planta de
cruz al que solía aspirar todo el pueblo.
En noviembre de 1776 el mayordomo
de la iglesia parroquial alega como justificación del permiso para hacer
la obra que: “la iglesia es bastante reducida y los feligreses están
yncomodados en las funciones parroquiales a causa de no haber mas de una
misa.. y para que estén en ellas con la comodidad posible tiene
dispuesto el cura párroco.... executar dos medias capillas en el cuerpo
de la citada iglesia.... y tratado su coste con maestros ynteligentes de
albañilería y le informan será su coste como 200 ducados más o menos,
para lo que se halla con los caudales de 140 fanegas de trigo, 22 de
cebada y como 2.000 rs. de mrs. estando como está surtida de lo
necesario así para su culto como lo demás..”(10).
En las condiciones se establece
que “en los dos costados de la capilla mayor se han de ejecutar dos
capillas que hagan de crucero....Y se ha de abrir un arco para comunicar
desde la capilla nueva a la del Santísimo Cristo.... Y en la capilla del
lado evangelio se dejará echo otro arco correspondiente a la del Cristo
para dar comunicación a la capilla del Ecceomo, la que se hará cuando la
iglesia tenga caudales por hallarse hoy muy baja, y no poder dale hoy la
comunicación como a la del Santísimo Cristo”.
Los mismos maestros que habían
reconstruido la capilla del Santísimo Cristo del Amparo, Juan José
López y Manuel Martínez, harán las nuevas dos capillas por
5.844 reales.
Pronto los fondos y caudales de la
parroquia se recuperan porque las obras no paran y dos años más tarde
comienza la petición de permisos para “fabricar una capilla
colateral dedicada a Nuestra Señora del Rosario en la otra parte y
frente a la del Santo Cristo del Amparo para su mayor adorno y
decencia”. Las condiciones, de Antonio Soriano maestro de obras
de Medina, inciden en que ha de hacer simetría con la del Santo Cristo
(ha de llevar linterna y chapitel y el interior media naranja con
adornos de yesería). El presupuesto es de 9.000 reales. La revisa D.
Juan Manuel de Cuadra quien da su visto bueno en 1786 e indica que
es simétrica con la del Santo Cristo del Amparo “en buque, altura y
adornos”. Además al maestro Antonio Soriano se le abonan 1.720
reales de otras obras menores como retejo general, suelo del campanario,
tabiques en la tribuna y subida a la torre, etc. Los caudales se pagan
con los fondos de la iglesia y si fuera necesario con los del Santo
Cristo, abonándose en cuenta (11).
Sin embargo, aun faltaba por hacer
la obra de mayor envergadura: Elevación de los muros de la capilla
mayor y del cuerpo de la iglesia. Para este plan tan ambicioso había
que desmontar toda la armadura y bovedaje de la iglesia anterior y
sustituirla por nuevas bóvedas, media naranja y cubiertas.
En septiembre de 1794 se solicitan las
obras alegando que “en la iglesia parroquial del lugar de Taroda se
construyeron dos capillas y levantaron las cumbres más de lo que estaba
la mayor por cuyo motivo se vierten las aguas sobre el tejado de ella e
introducen en dicha iglesia penetrando las paredes y arcos causandola
grave daño, y si no se pone el debido remedio llegaría el caso de su
ruina, en cuya atención y a la de hallarse con el caudal de 9.000 reales
y 200 fanegas de trigo, surtida de lo necesario y que ha de hacerse la
obra levantando el cuerpo de iglesia....”. Ante tan ingente obra se
pide al cura que certifique los caudales de la iglesia, que eran los
siguientes: “certifico que los caudales existentes en esta iglesia
consisten en 9.341 reales.... , en 200 fanegas de trigo y 30 de cebada y
más de esto tiene la capilla del Santo Cristo del Amparo 15.233 reales
que unidas las dos cantidades componen 24.574 reales”. La traza y
condiciones de obra fueron propuestas por Domingo Romero “por
hallarse el cuerpo de la iglesia mucho más bajo que las dos capillas
colaterales del Santísimo Cristo y de Nuestra Señora y la capilla mayor;
por cuyo motivo y de no tener salida las aguas movedizas, es una
continua gotera con mucho detrimento de la carpintería, bóvedas y
paredes, y para su remedio se ha de levantar el dicho cuerpo de la
iglesia.... Se hace necesario desmontar la carpintería y bóvedas del
cuerpo de la iglesia.., se ha de desmontar la carpintería de la capilla
mayor... construir de nuevo la media naranja... con materiales ligeros
como ladrillo o toba y con yeso en el interior... de los mismos
materiales serán las cuatro bóvedas de arista que cubrirán el cuerpo de
la iglesia”.
Por otras condiciones sabemos que
el cuerpo de la iglesia ya estaba decorado con pilastras y una cornisa
corrida, a modo de entablamento, en el arranque de las bóvedas: “Todas
las pilastras y paredes a el nivel de el arranque de los arcos se ha de
correr el cornisamento repartiendo con arreglo a el arte todos sus
miembros así en los basamentos como en los capiteles arquitrabe, friso y
cornisa, todo de albañilería bien recortada y de orden toscano”.
También se ha de demoler el coro y volverlo a ejecutar para que quede a
mayor altura, en buena proporción con la nave principal. La obra la
reconoce Pedro Baraya y especifica que las dos capillas con el
cabecero componen en crucero perfecto y que la elevación ha sido de 10
pies en todo el edificio. El total de la obra son 28.400 reales y el
artífice fue el maestro de Almazán Ramón Sierra. Buena parte de
la obra fue costeada con los fondos de la Capilla del Sto Cristo , ala
que durante varios años se le pagan anualmente 1300reales “por lo que
suplió a la iglesia cuando la obra” (12).
La magnitud de la obra efectuada
debió afectar, sin duda, al sistema de empujes y presiones del edificio.
Aunque las bóvedas se construyeron con materiales ligeros y las
cubiertas de madera estaban minuciosamente descritas (cajas cadenas,
cuadrales, limas, vigas, maderos, clavazones, etc.), el hecho es que
levantar diez pies las paredes de casi todo el perímetro de la iglesia,
mermó su seguridad, porque pocos años más tarde comienzan a aparecer en
los libros de cuentas reparaciones importantes de la cubierta de la
iglesia. En 1824 se pagaron “1.959 reales para la compra de
materiales para componer por extrema necesidad las bóvedas de la
iglesia, las construcción de la garita de la torre y reparar tejados”
y diez años más tarde hay que “desmontar más de la mitad de los
tejados de la iglesia por amenazar ruina”, de nuevo en 1836 se pagan
1.605 reales para “retejo de las tres capillas que se encuentran
arruinadas” y en 1877 se compran tres maderas grandes para apear la
iglesia, se bajan las campanas de la torre por amenazar ruina y como ya
hemos dicho, en 1880 se acometerá la última gran obra de la iglesia,
esta vez por imperiosa necesidad y es “reparar la pared de la iglesia
destruida por el hundimiento de la torre” (13).
La importancia de las obras
llevadas a cabo en la parroquia de Taroda durante el siglo XVIII nos
hace preguntarnos por la financiación de las mismas. Como escribe Juan
Antonio Marco uno de los innumerables asuntos abordados por el concilio
de Trento fue el del mantenimiento de los edificios eclesiásticos que no
tenían medios económicos. Se determinó que los trabajos de mantenimiento
y reparos o ampliaciones necesarias de iglesias que no tuvieran recursos
debían ser sufragados por los “interesados” en la cilla común; es decir,
los preceptores de los diezmos de cada parroquia. En la diócesis de
Sigüenza fue el 1621 cuando por primera vez se aplicó esta normativa y
abrió el camino a multitud de obras en templos del obispado que hasta
entonces no se habían podido renovar por falta de medios económicos. Si
el Barroco dejó tantas muestras en los ámbitos más pobres y lejanos fue,
en buena medida, gracias a esta normativa, que se aplicó
sistemáticamente hasta que en el siglo XIX se debilita primero y
desaparece después el sistema de pago de diezmos (14).
En el caso de Taroda hay que
añadir las saneadas cuentas de algunas cofradías como la del Santo
Cristo del Amparo, cuya devoción produjo a través de las limosnas
abultados beneficios para adquirir objetos de culto y, sobre todo,
financiar retablos, capillas y obras. La importante transformación de la
iglesia parroquial de Taroda no puede entenderse sin su vinculación con
la devoción popular al Sto. Cristo del Amparo.
De este modo hemos tratado de
explicar y de hacer entender por qué en la iglesia de Taroda no están
las campanas en una torre campanario o por qué una importante fachada
renacentista sirve de muro al camposanto o cómo un pueblo que, según el
catastro del Marqués de la Ensenada, tenía aproximadamente 300
habitantes pudo levantar esta majestuosa iglesia.
Notas bibliográficas
1.- Libro de Carta-Cuenta e Inventario de la
Parroquial de Taroda, 1750-1878. Archivo Diocesano. Burgo de Osma,
447/25.
2.- Libro de Carta-Cuenta e Inventario de la
Parroquial de Taroda, 1750-1878. Archivo Diocesano. Burgo de Osma,
447/25.
3.- Chueca Goitia, Fernando. Arquitectura del siglo
XVI. Volumen XI. Historia Universal del Arte Hispánico. ARS HISPANIAE.
Ed. Plus Ultra. Madrid, 1953.
4.- Libro de Carta-Cuenta e Inventario de la
Parroquial de Taroda, 1750-1878. Archivo Diocesano. Burgo de Osma,
447/25.
5.- Libro de Asuntos Civiles, año 1748, Taroda.
Archivo Diocesano de Sigüenza.
6.- Libro de Carta-Cuenta e Inventario de la
Parroquial de Taroda, 1750-1878. Archivo Diocesano. Burgo de Osma,
447/25.
7.- Libro de la Cofradía de los Esclavos del
Santísimo Cristo del Amparo, 1727-1821. Archivo Diocesano. Burgo de
Osma, 447/19.
8.- Libro de la Cofradía de los Esclavos del
Santísimo Cristo del Amparo, 1727-1821. Archivo Diocesano. Burgo de Osma,
447/19.
9.- Libro de Asuntos Civiles, año 1771, Taroda.
Archivo Diocesano de Sigüenza.
10.- Libro de Asuntos Civiles, año 1777, Taroda.
Archivo Diocesano de Sigüenza.
11.- Libro de Asuntos Civiles, año 1786, Taroda.
Archivo Diocesano de Sigüenza.
12.- Libro de Asuntos Civiles, año 1794, Taroda.
Archivo Diocesano de Sigüenza.
13.- Libro de Carta-Cuenta e Inventario de la
Parroquial de Taroda, 1750-1878. Archivo Diocesano. Burgo de Osma, 447/25.
14.- Marco Martínez, Juan Antonio. El Retablo Barroco en el Antiguo
Obispado de Sigüenza. Diputación Provincial de Guadalajara, 1997.
©
Carmen Sancho de Francisco
(Doctora en Geografía)
Taroda en Soria pueblo a pueblo
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