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Una
aproximación a la nostalgia desde el desarraigo
(El tiempo en ruinas frente a las ruinas del tiempo)
Con
este título tan evocador titula la exposición de fotos en Ventosa de
Fuentepinilla, Diego Aldasoro Gómez.
“…
hace alusión a una vivencia o una impresión, a un momento de mi vida, a una
parte de mi historia y en lo que ha supuesto para mí conocer y pasar tantos
ratos en este pueblo”, de esta forma explica Diego el título.
En
las antiguas escuelas de Ventosa de Fuentepinilla (Barrio de Quintana
Redonda), es donde este licenciado en Filosofía, de 32 años, soriano y
residente en Bilbao, ha expuesto su trabajo, una selección de fotos que ha
ido captando con el objetivo de la cámara a lo largo de diez años. Fotos de
aquello que la abuela guarda en el desván, de antiguas máquinas para las
labores agrícolas, hoy venerables trastos que van oxidándose entre las
hierbas, y de las que sólo quedarán, a la vuelta de otros treinta o cuarenta
años, un montón de tierra del que sobresaldrá un trozo de metal. Fotos de
casas medio en ruinas, o en ruinas directamente. De ventanas que se asoman a
la nostalgia de un universo infantil perdido irremediablemente. Fotos de
esas que nos ponen un regusto amargo en la boca y un ligero escozor en los
ojos.
“A
la vez, además de cuestionar el concepto de arte, aquí apuesto por
reivindicar la casualidad como dato central para capturar esos instantes y
nada ha sido, sino la naturaleza la que lo ha puesto todo”, dice Diego en la
presentación de la exposición.
El
trasfondo de esta muestra es explicado así por el autor. “Antropología de
cercanía: recoger historias de pueblos y de personas sobre todo a título
individual y en relación con su medio, donde se mezcle de manera indisoluble
el carácter documental y la voluntad testimonial (sobre el pasado reciente).
Arqueología de los sentimientos: rebuscar, excavar y remover en lo más
profundo nuestro para contemplarnos, conocernos y recogernos en el tiempo. Y
en concreto sobre lo que transmiten o cómo nos conmovemos o nos quedamos
impasibles ante los pueblos medio abandonados y los campos en barbecho que
son como una metáfora de nuestras almas (sobre el presente en relación al
pasado y al futuro). Arquitectura moral: proyectar –dejando un poco de lado
el romanticismo y desde el existencialismo- desde la austeridad y la
humildad, una crítica de este modo de vida actual para construir unos
fundamentos éticos y políticos, o por lo menos para replantearnos a dónde
vamos (sobre el futuro próximo)”.
Las
antiguas escuelas de los pueblos sorianos, restauradas, están siendo
utilizadas, desde que la sangrante despoblación propició el cierre de la
mayoría de ellas, para actividades artísticas y culturales. En el caso de
Ventosa de Fuentepinilla, el edificio destinado a ella –donde ahora Diego
expone sus fotos- se encuentra en la parte alta de una calle, abiertas las
ventanas al campo de cereal, al cielo azul y limpio de Soria, campo y cielo
adornado por el verde de un grupo de árboles.
Algunas de las fotos, las más antiguas, pertenecieron a Jesús de Miguel,
periodista, fotógrafo y pintor, interesado en Soria, a quien Diego dedica la
exposición de manera especial, pues también lo hace –y agradece- a su madre
y abuela. Las fotos se hallan remarcadas, o diríamos más bien ilustradas,
por mensajes de escritores y poetas por los que Diego siente especial
querencia: Pessoa, Berger…, frases y poemas que van intercalándose con las
imágenes.
La
exposición se mantendrá hasta el 25 de agosto. Mientras, está previsto que
ésta se complemente con pases de películas. Es una buena ocasión para
acercarse a Ventosa de Fuentepinilla. Además de ver esta colección de fotos,
la vista, desde lo alto del pueblo, se pierde por pequeños cerros verdes y
largas planicies de cereal amarillo. De paso se puede visitar la humilde
iglesia románica.

(pulsar para ampliar las
fotografías)

©soria-goig.com.
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