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Durante el invierno no siempre es posible llegar hasta Oncala si no se
dispone de cadenas para el vehículo. Es villa, de tradición trashumante -merineros
llaman a sus habitantes- y se halla enclavada en lo que en Soria denominamos
La Sierra,
comarca al norte de la provincia, limítrofe con La Rioja, rodeada de elevaciones que se
independizan al ser nombradas: Alba, Hayedo de Santiago, Montes Claros...
Tierras Altas o
Sierra del Norte (1)
Oncala, que va adaptándose a los tiempos, en forma de instalaciones de pequeñas
fábricas artesanales -una en El Collado ( pequeña localidad anexionada
administrativamente a Oncala), de embutidos y otra de quesos en la misma villa- conoció,
como toda la provincia, un duro vaciamiento de habitantes por un lado, y de cabezas de
ganado trashumante, por otro.
Desde finales del siglo XVIII, fecha en que se llevó a cabo la restauración de la
iglesia de San Millán, tanto el edificio como los tapices que su interior alberga, son
motivo de visita turística y/o cultural.
La restauración se hizo a expensas del arzobispo Juan Francisco Jiménez del Río. Este
mismo clérigo donó a su villa natal una colección de tapices bordados en la Fábrica
Real de Bruselas, sobre cartones dibujados por Rubens, los cuales, en principio, y por
encargo de la infanta Isabel Clara Eugenia, estaban destinados al convento madrileño de
las Descalzas Reales. Algunos de ellos, de la serie denominada Apoteósis Eucarística,
pueden contemplarse, restaurados hace alrededor de diez años,
en las paredes del templo oncalés.
La villa serrana está dividida en dos barrios, "Grande" y "La
Revilla", parece ser que éste último lo habitaban ganaderos más pudientes. Al
caserío, de piedra y con algunos escudos nobiliarios en sus fachadas, bastante bien
conservado todavía, lo rodea vegetación de chopos y olmos, acompañada de gran cantidad
de frutos silvestres alrededor del río que discurre por el centro de la villa y la divide
en los dos barrios mencionados. Se completa con roble y acebo, aunque la mayor parte del
término carece de arbolado al estar dedicado, desde siempre, a pastos de verano para la
cabaña ovina. Discurren los ríos Linares, Valondo y Abrigaño.
Como es costumbre nuestra, os aconsejamos que callejeéis, descubráis el bien conservado
escudo en la fachada junto a la iglesia de San Millán, y bebáis agua de la fuente que
mana junto al puente que separa los barrios. Comprad queso de Oncala y chorizo de El
Collado.
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Si es verano, de mayo a noviembre, todo el paisaje, inmenso ya desde que se comienza
ascender desde Soria el puerto de Oncala, estará salpicado de las ovejas merinas que
todavía mantienen la tradición y dan carácter a toda la comarca natural de la Sierra.
Si visitáis esta tierra en invierno quedaréis impresionados por la falta de formas y
relieves que el manto blanco de la nieve, inmenso y silencioso, se encarga de tapar. Sus
habitantes ovinos se hallan, en esas calendas, comiendo el pasto de las dehesas de La
Mancha y Extremadura. Con ellas ha marchado parte de la ya menguada población, y las
mujeres quedan en casa, junto con los niños, preparando la matanza y secando la cecina.
En
Oncala, así como en el resto de la Sierra, logran secar con los fríos y la cellisca, la
buena carne de oveja que, por mor de las rigurosidad del clima, se convertirá en
estupenda cecina. El guiso preferido de los serranos es, precisamente, los garbanzos con
repollo y cecina.
Cuentan con la instalación de un
Museo Pastoril, podéis hacer una visita virtual en
nuestra sección de Etnología.
Acaban
de abrir el restaurante Rincón del Trashumante, donde seguro, podréis
comer buen yantar serrano.
©
Isabel
Goig
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